¿Y si mi libertad se esconde en cada una de tus pestañas? Las mismas que te rozan la mejilla cuando duermes, las que puedo contar si me acerco lo suficiente, y que vuelves a cerrar si decido acercarme un poco más.
Puede que una sonrisa provocada por otra sea algo más que eso. Que el invierno no es lo suficientemente frío sin alguna de tus canciones; que la poesía no termina de serlo hasta que tú recitas ese poema que tanto te gusta.
Puede, que el chocolate caliente no sepa a nada sin una de tus cucharadas de azúcar; que los villancicos y las calles adornadas carezcan de sentido sin un regalo bajo el árbol que lleve tu nombre. Que mi cumpleaños no sea un día tan especial si no lo vives conmigo, y que el tuyo se me antoje triste cuando no puedo celebrarlo a tu lado.
Puede que sí se oiga un árbol caer en el bosque si estás en él. Puede, que contigo aquí, tengan algo más de sentido las guerras, que yo me batiría en duelo por una marca de tu pintalabios rojo cada noche.
Puede, y solo puede, que encuentre el significado de la vida en tus pupilas.
Pero quiero que sepas, que de no ser así, de no ser nada cierto, verme reflejada en ellas es suficiente para que me crezcan alas.
Y entonces soy libre, volando a ras de suelo, para que cuando ya no estés, la caída no duela.
Y pueda seguir viviendo.
Si la vida va de aprovechar el tiempo, déjame que lo pierda contigo.
[nunca había visto algo, tan especial, tan infinitamente humano.]

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