sábado, 21 de noviembre de 2015

Mi dulce niña.

Your skin and bones turn into something beautiful.


Dame una hora para decir todo lo que tengo que decirte,
y no te canses de hacer retroceder las agujas del reloj.



Hoy las estrellas brillan para ti 
y yo no soy quién para encerrarte entre
mis manos, 
hay noche en tu honor y
ojalá poder permitirme ser egoísta
para que a la luna no le quede otra
que la de observarte a regañadientes
porque voy a ser yo la que te acune
entre mis brazos.

El violinista de la esquina 
te ha dedicado una canción en la madrugada. 
Hablaba de bailar despacio y 
recitar poesía mientras
los tejados comienzan a peinarse
y el cielo se tiñe de un color cálido.

El sol le ha despedido con algo más
que una sonrisa cómplice. 
Las palomas han danzado para él
y han vestido su música de esperanza. 


Hoy las farolas descansan por ti 
y yo no soy quién para guardar el amarillo 
en una caja
ni crear granjas de mariposas. 
Las cortinas susurran tu nombre 
a la ciudad que se despierta sobre
tus pestañas. 


El pequeño gorrión que te ha visto despeinada
te canta una oda,
y los gatos callejeros
se mueren de envidia y maúllan
 a la ventana.

Un perro perdido ladra entre la multitud
y su pequeño llanto se pierde
entre almas grises,
pero su pequeño hocico, 
quién sabe por qué, 
se ve atraído hacia el aroma de una canción, 
que hablaba sobre bailar despacio 
 y recitar poesía. 


Quizá por eso, 
cuando te marches,
te encuentres en el portal un violinista, 
con un perro entre sus  brazos, 
un gato acurrucado a su lado 
y alguien escribiéndote algo parecido 
a un poema. 

Y todos te llamaremos,
 de alguna forma, 
"hogar".

















sábado, 14 de noviembre de 2015

A solas.

Dime en quién sueles pensar cuando apagas la luz.

Desde aquella colina se veían todas las estrellas. Estábamos tumbados en la manta de picnic que Reed acostumbraba a llevar en la camioneta para sus ligues. Una enorme alfombra cuadrada sacada de la bodega de algún castillo Escocés, o eso parecía. Hacía meses que eso no se lavaba y olía a tierra, y a perro mojado. Y ese estampado de cuadros no ayudaba; tenía la sensación de que en cualquier momento llegaría un señor muy grande y con la barba pelirroja a exigir que le devolviéramos la ropa, así que seguramente se nos presentaría en pelotas y a Reed se le ocurriría algún comentario ingenioso y divertido para sacar una sonrisa a la chica de turno. Pero yo no era solo una chica, y él era Reed así que no tenía que preocuparme por ello. Sabía que no quería acostarse conmigo, o al menos que no lo haría aunque quisiera porque Reed no era precisamente un caballero con las tías y ninguno de los dos quería perder a su mejor amigo. 

Se percibía toda la luz artificial que irradiaba la ciudad, pero si dirigías la mirada muy alto todo desaparecía y solo veías puntitos brillantes sobre una inmensidad negra e infinita. Si miraba al cielo durante mucho tiempo comenzaba a sentirme pequeña, y eso me asustaba, así que de vez en cuando desviaba los ojos hacia las luces borrosas de los edificios; hacia miles y miles de bombillas que eran capaces de iluminar un universo. Creo que Reed percibió mi terror de ser insignificante, que en verdad lo era, pero algo dentro de mi quería pensar que eso no era cierto, que hay algo más allá del polvo de estrellas.

"Incluso mirar las estrellas resulta diferente contigo", dijo, puede que para distraerme, puede que para algo más que en aquel momento no se me pasó por la cabeza.

"Porque conmigo realmente miras las estrellas, idiota"

Se colocó las manos bajo la cabeza y me miró, con una sonrisa inquisitiva, con unos ojos de listillo que brillaban casi tanto como los astros que nos observaban en silencio.

"O puede que me salga mejor fingir que miro las estrellas para que siempre sea la penúltima vez que te subas a mi camioneta. Los dos sabemos que soy un capullo con pretensiones, pero no contigo, porque tú nunca me has llamado así. En mi vida te escribiré un poema porque tienes tu habitación llena de poesía, y estaría loco si pensara que cualquier cosa que yo pudiera escribirte te haría sentir lo mismo que los versos que no te cansas de tatuarte en los brazos con rotuladores permanentes, así que lo mínimo que puedo hacer es no hacer lo que quiero, para que no te levantes y te vayas, y me dejes solo"