viernes, 19 de enero de 2018

Niña

Cuando empezaba a nacer el rocío en la entrepierna
y las abuelas comenzaron a llamarme mujercita
yo solo sabía que no quería que lo hicieran,
por eso me enfadaba con cada pelo de la axila,
me enfadé aquella tarde de agosto cuando me manché por
primera vez las bragas de sangre,
me enfadaba cada vez que ese familiar me preguntaba
por mi novio —¿qué es eso? —
y me seguí enfadando hasta que dejé de ser mujercita
para empezar a ser mujer.

Nos llaman mujercita porque ser niña demasiado
tiempo puede ser peligroso,
porque a un hombre de treinta años que juega a la consola
seguiremos llamándole niño, y qué tierno,
pero a la vecina treintañera del culo prieto no podemos
llamarla otra cosa que mujer, pedazo de mujer, además
—pedazo de carne es demasiado evidente, incluso para nosotros—

Me llamaron mujercita mucho antes de
saber qué significaba,  
yo era una niña y parecían querer hacerme mujer,
yo era una niña, yo y todas, éramos niñas,
pero querían hacernos crecer antes de tiempo,
quieren hacernos crecer antes de tiempo.

Las niñas ya debemos cuidar de los niños
como las madres de sus hijos
como las esposas de sus maridos,
a las niñas se nos carga en nuestra mochila de princesas
la responsabilidad de saber que a largo plazo
ya no lo seremos.

Wendy le tomó la mano a Peter
para seguir siendo una niña y
ni siquiera en Nunca Jamás se libró de ser mujer.

Reniego de la mujercita que pude ser,
la mujercita que me hicieron,
reivindico la niña que fui y la que sigo siendo,

la mujer que soy, con la niña dentro.


Egon Schiele

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