All alone in the danger zone
Are you ready to take my hand?
All alone in the flame of doubt
Are we going to lose it all?
Are you ready to take my hand?
All alone in the flame of doubt
Are we going to lose it all?
Siento que la vida me engulle, y siento eso tan a menudo que un día creo que me ahogaré en mi propia angustia y solo quedará de mi un esqueleto con los dedos rígidos y los dientes rechinando. Un cuerpo en descomposición del que no crecerá ninguna amapola, una cuenca vacía que se antojó llena en su supuesta época de esplendor, y quizá su mayor esplendor estará por llegar, o llegará cuando los gusanos vean entre mis costillas algo con lo que llenarse la boca. No podemos obligar el sol a salir, como no se puede forzar a la luna a esconderse. En algún universo desconocido el astro rey ha decidido no amanecer jamás, y la oscuridad reina con una intranquila compasión. Las flores no germinan, las cosas bonitas mueren de sed y los pájaros vuelan a ras de suelo con la tristeza pesándole sobre las alas como manchas de alquitrán; los conejos no salen de sus madrigueras y los delfines no encuentran la superficie para danzar sobre ella.
Las raíces de un árbol se abren paso incluso al borde de un precipicio, entre dos rocas temblorosas, en una húmeda gruta con un futuro incierto por delante. Mis raíces se han cohibido bajo los ventrículos y se arraigan a lo más profundo, sobrepasar la línea de la incertidumbre es lo más parecido que conozco a balancearse con la punta de los dedos justo al final de un acantilado.
A veces me siento un vaso lleno al que solo le falta una gota por colmar, y siempre creo que esa lágrima será la última como también noto que se balancea el vaso y tirito de terror. Quizá necesite derramarse, quizá quiera volver a empezar. Quizá deba vaciarse y llenarse de nuevo, pero solo con pensarlo se me agrietan las paredes y temo que el agua se escape y me ahogue, y ya no quede nada por llenar.

