jueves, 18 de mayo de 2017

city lights

All alone in the danger zone
Are you ready to take my hand?
All alone in the flame of doubt
Are we going to lose it all?



Siento que la vida me engulle, y siento eso tan a menudo que un día creo que me ahogaré en mi propia angustia y solo quedará de mi un esqueleto con los dedos rígidos y los dientes rechinando. Un cuerpo en descomposición del que no crecerá ninguna amapola, una cuenca vacía que se antojó llena en su supuesta época de esplendor, y quizá su mayor esplendor estará por llegar, o llegará cuando los gusanos vean entre mis costillas algo con lo que llenarse la boca. No podemos obligar el sol a salir, como no se puede forzar a la luna a esconderse. En algún universo desconocido el astro rey ha decidido no amanecer jamás, y la oscuridad reina con una intranquila compasión. Las flores no germinan, las cosas bonitas mueren de sed y los pájaros vuelan a ras de suelo con la tristeza pesándole sobre las alas como manchas de alquitrán; los conejos no salen de sus madrigueras y los delfines no encuentran la superficie para danzar sobre ella. 
  
Las raíces de un árbol se abren paso incluso al borde de un precipicio, entre dos rocas temblorosas, en una húmeda gruta con un futuro incierto por delante. Mis raíces se han cohibido bajo los ventrículos y se arraigan a lo más profundo, sobrepasar la línea de la incertidumbre es lo más parecido que conozco a balancearse con la punta de los dedos justo al final de un acantilado.  
  
A veces me siento un vaso lleno al que solo le falta una gota por colmar, y siempre creo que esa lágrima será la última como también noto que se balancea el vaso y tirito de terror. Quizá necesite derramarse, quizá quiera volver a empezar. Quizá deba vaciarse y llenarse de nuevo, pero solo con pensarlo se me agrietan las paredes y temo que el agua se escape y me ahogue, y ya no quede nada por llenar.  





jueves, 4 de mayo de 2017

sobre arándanos y algo más

He pensado muchos títulos para esta entrada y ninguno me ha convencido lo suficiente como para leerlo y sentirme satisfecha con él. Lo que sí sé es que de alguna manera debe incluir una tarta de arándanos, porque es de lo que va esto. Grande, pequeña, más o menos dulce, con o sin salsa y con o sin helado. Qué más da. Lo importante es la tarta. Ni siquiera tiene por qué ser de arándanos en realidad, pero esto lo entenderéis luego. Dejo que cada uno elija el sabor de la tarta que prefiera aunque yo he venido a hablar de una en concreto. 

Primero quiero hablar de Elizabeth. Elizabeth es una joven que acaba de sufrir una ruptura. Nada nuevo, todos conocemos, aunque no hayamos vivido, qué es una ruptura sentimental. Dicha ruptura se produce porque nuestra Elizabeth descubre que su pareja la engaña con otra persona, y lo descubre al ir a una cafetería y preguntarle al dueño si su novio se ha pasado por ahí. Él le contesta que sí, junto con su novia. Tras esto, Eli deja unas llaves por si él vuelve allí soltando: "que es un cabrón" cuando Jude Law, encarnando al chaval de la cafetería, le pregunta que qué tiene que decirle si aparece. Circunstancias que se reflejan en cada escena provocan que la chica vuelva a esa cafetería repetidas veces, hasta que ya lo hace por placer porque ha entablado amistad con Jeremy (Jude Law). 

Elizabeth está en una etapa de duelo, necesita superar esa ruptura, así que de alguna manera Jeremy la ayuda en eso, pero no hay que olvidar que en esa misma cafetería descubrió la infidelidad de su ex pareja. ¿Por qué querría volver allí? ¿No iba a recordar ese amargo momento cada vez que cruzara la puerta? Quizá lo que le pase a nuestra Elizabeth es lo que nos pase a muchos de nosotros: tenemos miedo a dejar el pasado atrás y abrirnos a lo nuevo, a lo desconocido. Ella se da cuenta de eso, así que se marcha, lejos, donde conocerá a otra gente anclada también en vidas pasadas, que ya deben terminar si quieren seguir adelante.

Pero volvamos a la tarta. Una noche en la que Elizabeth visita la cafetería, Jeremy ya está cerrando el local y se va deshaciendo de los trozos de tarta que no ha vendido. Entonces saca de la vitrina una tarta entera de arándanos. Él le explica que al final de cada noche queda siempre una tarta entera de arándanos, así que Elizabeth le hace la pregunta que seguramente todos, o la mayoría, le haríamos: "¿Qué le pasa a la tarta?". Jeremy le contesta lo siguiente: "No le pasa nada, simplemente la gente elige otras cosas".

¿Significa entonces que todos los demás sabores son mejores que el de arándanos? Obviamente no. ¿Significa que a nadie le gusta la tarta de arándanos? De nuevo, la respuesta es no.

Es posible que no me equivoque si digo que algunos nos hemos sentido esa tarta alguna vez, pensando que hay algo malo en nosotros porque parece que no gustamos, o que los demás gustan mucho más y, por ende, tenemos algo que está mal, o roto, que no funciona bien. Tenemos la sensación de que algo no encaja en nuestro engranajes y que por eso no encajamos entre las demás personas, como si ellos tuvieran más derecho a estar ahí, como si estuviéramos ocupando el lugar de alguien mejor.

Yo me siento una tarta de arándanos con frecuencia, sobre todo en situaciones nuevas, por eso animo a todas las tartas de arándanos del mundo a convencerse de que no hay nada malo en ellas, que es un sabor maravilloso, y solo necesitáis que las personas adecuadas cojan un pedazo y lo comprueben:

personas a las que les encante la tarta de arándanos.
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