sábado, 14 de noviembre de 2015

A solas.

Dime en quién sueles pensar cuando apagas la luz.

Desde aquella colina se veían todas las estrellas. Estábamos tumbados en la manta de picnic que Reed acostumbraba a llevar en la camioneta para sus ligues. Una enorme alfombra cuadrada sacada de la bodega de algún castillo Escocés, o eso parecía. Hacía meses que eso no se lavaba y olía a tierra, y a perro mojado. Y ese estampado de cuadros no ayudaba; tenía la sensación de que en cualquier momento llegaría un señor muy grande y con la barba pelirroja a exigir que le devolviéramos la ropa, así que seguramente se nos presentaría en pelotas y a Reed se le ocurriría algún comentario ingenioso y divertido para sacar una sonrisa a la chica de turno. Pero yo no era solo una chica, y él era Reed así que no tenía que preocuparme por ello. Sabía que no quería acostarse conmigo, o al menos que no lo haría aunque quisiera porque Reed no era precisamente un caballero con las tías y ninguno de los dos quería perder a su mejor amigo. 

Se percibía toda la luz artificial que irradiaba la ciudad, pero si dirigías la mirada muy alto todo desaparecía y solo veías puntitos brillantes sobre una inmensidad negra e infinita. Si miraba al cielo durante mucho tiempo comenzaba a sentirme pequeña, y eso me asustaba, así que de vez en cuando desviaba los ojos hacia las luces borrosas de los edificios; hacia miles y miles de bombillas que eran capaces de iluminar un universo. Creo que Reed percibió mi terror de ser insignificante, que en verdad lo era, pero algo dentro de mi quería pensar que eso no era cierto, que hay algo más allá del polvo de estrellas.

"Incluso mirar las estrellas resulta diferente contigo", dijo, puede que para distraerme, puede que para algo más que en aquel momento no se me pasó por la cabeza.

"Porque conmigo realmente miras las estrellas, idiota"

Se colocó las manos bajo la cabeza y me miró, con una sonrisa inquisitiva, con unos ojos de listillo que brillaban casi tanto como los astros que nos observaban en silencio.

"O puede que me salga mejor fingir que miro las estrellas para que siempre sea la penúltima vez que te subas a mi camioneta. Los dos sabemos que soy un capullo con pretensiones, pero no contigo, porque tú nunca me has llamado así. En mi vida te escribiré un poema porque tienes tu habitación llena de poesía, y estaría loco si pensara que cualquier cosa que yo pudiera escribirte te haría sentir lo mismo que los versos que no te cansas de tatuarte en los brazos con rotuladores permanentes, así que lo mínimo que puedo hacer es no hacer lo que quiero, para que no te levantes y te vayas, y me dejes solo"








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