lunes, 6 de marzo de 2017

Hoy no llueve igual

Habían pasado muchas noches desde la última vez en que una necesidad acuciante por escribir se había arrastrado bajo el resquicio de la puerta, y es que solo por necesidad se arrastran los peces hasta el mar y las personas hacia corazones ajenos, en busca de algún resquicio por el que colarse, y suplicar, y rezar para que no nos echen y nos dejen tirados en la orilla junto a las colillas y los corchos de botellas vacías, cuyo contenido ha visitado lugares mejores que nosotros mismos. Solo por necesidad naufragamos hasta islas desiertas en las que estar perdidos y volvernos locos, en busca del primer trago de lluvia que nos conduzca ciegamente hasta un río de muerte dulce. 

Y qué es sino la necesidad de ser acunados por poesía triste pero con voz bonita, cálida, cerca, justo en la oreja hasta penetrar en las entrañas y dejarlas hechas polvo, pero siempre con ganas de más. Qué es sino esta madrugada de marzo con tu lado de la cama vacío y las teclas desgañitándose sobre un folio con las esquinas manchadas y pocas ganas de crear nada que no sea en tu entrepierna. 

No, no hablemos de necesidades acuciantes, porque entonces debería estar ahora mismo bajo tu ventana y ambos sabemos que no va a ocurrir.