miércoles, 20 de junio de 2018

Humanidad



El calor se estaba colando incluso en el pensamiento
mientras cruzaba una plaza de adoquines,
una paloma recogía con su diminuto pico
el agua que entre las juntas se había acumulado
como si de un ciervo a orillas de un arroyo se tratara.
Deseé que se saciara del todo,
que no la importunaran piernas gigantes,
sillas de bares, pelotas de goma, bicicletas.
La rodeé para seguir mi camino
 mientras miles de kilómetros más al norte
un cazador furtivo se llevaba unas astas como trofeo.




lunes, 18 de junio de 2018

Ritmo 0


“Hay 72 objetos en la mesa, que cada uno puede usar sobre mi como desee."
                                                                          Ritmo 0, Marina Abramovic.

Los objetos fueron: perfume, algodón, flores, miel, azúcar, pastel, ramita de romero, bufanda, uvas, agua, pan, pañuelo, manzana, lápiz de labios, abrigo, espejo, pluma, vino, vendas, cepillo, jabón, flauta, zapatos, silla, tirita, medalla, sombrero, aceite de oliva, hilo, libro, vela, peina, cascabel, hoja de papel en blanco, cuchara, pintura azul, pintura roja, pintura blanca, vaso, estilográfica, periódico, rosa, horquilla, imperdible, aguja, cámara Polaroid, tenedor, sal, plato, azufre, alcohol, cerillas, cuchillas de afeitar, hueso de cordero, taco de madera, navaja, cadenas, alambre, clavos, tijeras, cuchillo de cocina, correas de cuero, tubería de metal, bisturí, martillo, sierra, estaca, hacha, látigo, arco y flechas, bala, revólver.”                                                        
                                                                         



En los muelles
ocurren todo tipo de cosas:
atracan barcos a rebosar de turistas,
se declaran amantes,
pescan aficionados,
pasean las familias
con los niños en brazos,
posan los novios
para congelar el mejor momento de sus vidas,
deambulan los solitarios
en busca de la amada perdida,
matan el tiempo los melancólicos
haciendo pedazos la última carta,
vierten lágrimas los afligidos,
se ahogan los borrachos,
se lanzan los suicidas,
se arrojan cadáveres en bolsas
y un ladrillo atado a los pies.

En los muelles
ocurren todo tipo de cosas.

El día y la noche están de espaldas,
el mar engulle, digiere,
hasta el siguiente amanecer,
y vuelta a empezar. 

Marina Abramovic en la performance "Ritmo 0"


miércoles, 13 de junio de 2018

Abuelo


Si tuviera que decir algo,
hablaría de unas manos que
nunca han parado de trabajar.

Manos cargadas de historia,
de pesares y alegrías,
manos que han sostenido otras
—de hermanos, de amigos,
de amores, de hija—
que han erigido casas
y acariciado mejillas,
han labrado tierra
y han sujetado las mías
desde que el mundo se hizo mundo
ante mis ojos.

Si tuviera que decir algo,
hablaría de la sonrisa inagotable de los domingos,
del rostro sereno de quien habla poco porque valora el silencio.
Hablaría de naranjos, de hornos de leña,
de paseos en carreta, tomates maduros, tierra arada,
de los troncos estrafalarios de las higueras,
de tardes bajo los alargados rayos del sol veraniego.

Si tuviera que decir algo,
no podría hacer sino contarlo todo,
pues todo es lo que merece ser dicho.

El Ángelus (Jean-François Millet)



jueves, 7 de junio de 2018

Otro poema de amor

Solía querer que me contaras cómo eras
antes de ser tú, quien había ocupado mi lado
de la cama, había encontrado ese lunar en la pierna,
te había dicho las primeras palabras bonitas que escuchaste,
las mismas palabras que debieron hacerte creer en el amor.

Solía querer anclarme en el pasado
en lugar de meterme en la cabeza
que mi lado de la cama solo lo ocupo yo,
que he descubierto ese lunar en la (entre)pierna
—algo que tampoco es verdad porque no había nada
que descubrir, sino que me dejaras encontrarlo—
y que las palabras bonitas se agotan demasiado rápido
como para conformar algo en lo que creer.

Pasado, presente y futuro
siguen siendo tres palabras
que a veces me tomo muy enserio.

Lo que se entierra, se entierra por una razón
y algo que no ha nacido es una pérdida de tiempo.

Solía querer conocerte mejor que tú misma,
solía olvidar que tú, ni eras, ni serás:
eres, de momento conmigo.

Magia negra (René Magritte)


miércoles, 6 de junio de 2018

De Magdala

A los pies de la cruz
cubierta por el velo del desierto,
las llagas de la carne agonizan,
el espíritu desmembrado de María
contempla la elevación del rey destronado,
dinastía herida por alambre de espino
que sobrepasa un cuerpo incorpóreo.

Ella, la prostituta arrepentida,
la portadora de siete demonios lascivos
que le quemaban la lengua y la entrepierna,
recibe el relevo de la Gracia,
recibe el amor universal de aquello,
el particular de estos.

Y todo lo que recibas,
entrégalo. 


María Magdalena como La Melancolía
 (Artemisia Gentileschi)

lunes, 4 de junio de 2018

Una planta desbordada por tres almas

Si bien no he crecido del todo, aún, 
yo noto mis raíces descender y retorcerse, 
las hojas caídas, arrugadas, recogidas sobre sí mismas, 
rendidas bajo un cielo encapotado que no concede treguas.

Sería muy fácil cargar responsabilidades sobre los hombros
de un sol esquivo, una lluvia invisible, un cuerpo inmóvil que depende
-ahí está la palabra-
de todo lo que le rodea
incluso de lo que ni siquiera puede ver.

Es mucho más simple reconocer la muerte 
a manos de cualquiera que lo arranque para formar parte 
de un ramo de flores efímero
que admitirse incompetente incluso para la propia supervivencia.



El Estanque de Ninfeas (Monet)

domingo, 3 de junio de 2018

Sobre que todos los gilipollas idolatráis a Bukowski

Me cuentas invitándome a una cerveza lo mucho que te gusta escribir, la filosofía -sobre todo Nietzsche- y leer a Bukowski. Que no solo te gusta, que te encanta. En ese momento yo ya debería haber hecho sonar mis alarmas, alzar las orejas como cualquier animal salvaje ante la percepción de una posible amenaza, real o imaginaria. Que Bukowski era un gran hijo de puta, me dices, sonriendo. Yo asiento, te doy toda la razón, porque lo era, y una lástima fue no darme cuenta también en ese momento que es tu maldito ejemplo a seguir.  Por qué no un billar. Por qué no. Por qué no otra cerveza. Y otra. Por qué no una charla en la que te hablo sobre mi novia mientras te ríes de medio lado sabiendo que te da igual, que una hora más tarde intentarás comerme la boca a pesar de haberte dejado claro, -no una, ni dos, ni tres- varias veces, que no pasaría nada. Pero, debo decir, que no eres el tío más gilipollas que me he cruzado, y parece que debo darte las gracias por ello. 

Pero, no voy a engañarme, yo también he idolatrado a Bukowski. Su realismo sucio, su todo sucio, en realidad. He leído hasta la saciedad "Bluebird" hasta el punto de querer tatuarme los cuatro primeros versos, he colgado infinidad de fotos dándomelas de entendida en una poesía que no he vivido ni  quiero vivir, pero que pretendo haber sufrido porque a romántica no me gana nadie. He soltado el discurso de "sí, era una mierda de persona, pero sus obras son brutales", cosa que en ocasiones pienso pero no voy a volver a decir en voz alta porque lo primero, sin duda, gana a lo segundo. Aún así, nunca se me ocurriría valorar a una mujer por su culo -leyendo "Cartero" te cansas de la infinidad de veces que Betty no es Betty, es su culo-, ni mucho menos seguiría a una mujer hasta su casa para violarla en su propio sofá.

Asi que, yo me pregunto: ¿Por qué todos los gilipollas idolatráis a Bukowski?