Your skin and bones turn into something beautiful.
Dame una hora para decir todo lo que tengo que decirte,
y no te canses de hacer retroceder las agujas del reloj.
Hoy las estrellas brillan para ti
y yo no soy quién para encerrarte entre
mis manos,
hay noche en tu honor y
ojalá poder permitirme ser egoísta
para que a la luna no le quede otra
que la de observarte a regañadientes
porque voy a ser yo la que te acune
entre mis brazos.
que la de observarte a regañadientes
porque voy a ser yo la que te acune
entre mis brazos.
El violinista de la esquina
te ha dedicado una canción en la madrugada.
Hablaba de bailar despacio y
recitar poesía mientras
los tejados comienzan a peinarse
y el cielo se tiñe de un color cálido.
El sol le ha despedido con algo más
que una sonrisa cómplice.
Las palomas han danzado para él
y han vestido su música de esperanza.
Hoy las farolas descansan por ti
y yo no soy quién para guardar el amarillo
en una caja
ni crear granjas de mariposas.
Las cortinas susurran tu nombre
a la ciudad que se despierta sobre
tus pestañas.
El pequeño gorrión que te ha visto despeinada
te canta una oda,
y los gatos callejeros
se mueren de envidia y maúllan
a la ventana.
Un perro perdido ladra entre la multitud
y su pequeño llanto se pierde
entre almas grises,
pero su pequeño hocico,
quién sabe por qué,
se ve atraído hacia el aroma de una canción,
que hablaba sobre bailar despacio
y recitar poesía.
Quizá por eso,
cuando te marches,
te encuentres en el portal un violinista,
con un perro entre sus brazos,
un gato acurrucado a su lado
y alguien escribiéndote algo parecido
a un poema.
Y todos te llamaremos,
de alguna forma,
"hogar".

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