No sé nada sobre astrología,
de hecho,
casi nunca miro al cielo,
pero juraría que se me alinean
las ideas cada vez que te veo aparecer,
con esa sonrisa de intenciones ocultas
alrededor de la cual orbitaría y todos
los putos planetas y lunas y satélites
estallarían de envidia,
y, ¿sabes?
no se me ocurre
razón más bonita para que
el universo vuelva a empezar de nuevo
y nos de otra oportunidad,
para que se nos siga dando mal,
pero intentándolo mejor.
Quien alucina con estrellas fugaces
no te ha mirado a los ojos y te ha besado después,
ni se ha enredado entre tus piernas,
ni ha estado sentado,
sentada a tu lado
en un autobús que se dirigía a casa
y durante esa hora se ha sentido más a
salvo que nunca, mucho más que
en cualquier otro lugar de mundo.
Quien alucina con polvo y rocas,
no tiene nada para arruinarme la vida.

No hay comentarios:
Publicar un comentario