Corrían mis pies más rápidos que la vida
pero la muerte me esperaba tras la línea de meta
en una carrera a contrarreloj contra mí misma,
un premio de huesos fracturados y esperanzas rotas
aguardaba en manos de un tiempo que al primer paso
se creía eterno y en cada uno se fijaba su finitud.
Me sonreía, maliciosamente, con sus dientes afilados
y unas garras tan largas como mis vagas esperanzas
de escapar.
Corrían mis pies sucios, agotados, heridos...
Me detuve,
pedí una tregua,
respiré
y percibí una ligera brisa, el pequeño abrazo
del reloj, que se ralentizaba.

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