La
tristeza
es
una
enredadera
plagada
de
espinas
trepando
por
la
garganta, ramificándose hacia los pulmones;
una planta carnívora
abriéndose
paso
devorando
recuerdos
decentes
para
convertirlos
en
pesadillas.
Es veneno paralizante inyectado en las venas,
es una paleta de colores fríos que la ha tomado
con la sangre, tornándola hielo,
y envolviendo el corazón en
cristales afilados,
frágiles como aquella copa
que se te cayó en nuestra última cena,
peligrosos como tu mirada esos segundos después,
minutos antes de atravesar la puerta
y rasgarme las entrañas.
La tristeza son
tus uñas clavadas en mi
vientre, apretando,
en mi pecho,
impidiéndome respirar.
La tristeza es una gota de rocío
muriendo en un charco en el asfalto,
el último intento de una golondrina
con el ala rota,
la primera lágrima tras la carcajada
con sabor a ginebra.
Todo esto,
mi amor,
todo esto es la tristeza.

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