como no vivirla,
como hacerlo a medias.
Duele todo aquello
que sucede en la cabeza
pero se queda encerrado
en ella;
los momentos
con vocación de sueños
que escarban y se entierran
a sí mismos,
para extinguirse a la
mañana siguiente.
Duelen las fantasías
con forma de propósitos,
que pretenden vestirse
de objetivo
a largo plazo;
se engalanan
y encorbatan,
se acicalan los deseos
que tienen desbocados y
enseñan su mejor sonrisa.
Se clavan las uñas en
las palmas de la mano,
la sangre gotea,
pero permanecen
impasibles,
a la espera de
algo,
de un semáforo en verde,
un camino seguro con
puerta de emergencia,
o quizás nada de eso,
quizás un callejón sin salida,
un cambio de rumbo hacia
una tempestad que engulle.
Duelen las noches
de insomnio crónico,
pero más duele dormir
sin tener una razón para
despertarse.

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