Tras estar leyendo un comentario al Evangelio de María y un libro para la
asignatura de Derecho Constitucional sobre la crisis de la legitimidad, me he
permitido pararme un momento. Estoy sentada en una mesa ocupada por unas seis o
siete personas que, al igual que yo, trabajan o estudian o sencillamente leen o
escriben como estoy haciendo ahora. Esta mesa se encuentra en una cafetería
preciosa, con varios sofás que me recuerdan al Central Perk de la serie
“Friends” —que por cierto terminé ayer y sigo con el vacío existencial que se
tiene cuando te has involucrado tanto en las vidas de los personajes— y cada
rincón resulta un sitio único en el que tomar un café —que tienen buenísimo, por
cierto—. Esta cafetería se encuentra en una plaza y esta plaza es una pieza más
del encanto que posee el barrio de Malasaña.
Si me he parado un momento es porque
necesitaba ser consciente, pero consciente del todo, de que yo estoy aquí,
formando parte de este lugar, este momento, esta ciudad que quizá no tiene nada
que no tenga otra, pero entonces también diríamos que podemos enamorarnos de
cualquiera, que querer a alguien equivale querer a todos y sabemos que no es
así. Si me he parado, también, es porque siento que necesitaba una pausa para
situarme en el mundo. Quizá me esté poniendo la etiqueta de pretenciosa o
pedante o qué se yo, pero necesito contemplarme, a mí misma, en este mundo que
ahora mismo me parece algo más que mágico.
Un animal no tiene la capacidad para
concebirse a él mismo fuera del entorno que lo rodea, sin embargo, yo sí y es
lo que pretendo hacer. Estoy yo y está el mundo, y estoy yo en el mundo y, más
importante aún, estoy en un mundo que quiero, que he elegido estar. Estoy aquí,
en Madrid, en esta plaza, en esta cafetería, ocupando un sitio de esta mesa que
no ocupa nadie más. Aquí estoy, en armonía, en sincronía con mis deseos y mi
voluntad. Aquí estoy porque lo he decidido, y sin irme a lo general, sin irme a
decisiones vitales, importantes, como mudarse, como elegir universidad en algún
sitio de España o incluso Europa. No hablo tan solo de eso, hablo de elegir
caminar hasta aquí, hablo de que desde mi cama he hecho una elección y ha sido
correcta, mientras otras no lo serán tanto.
Hablo acerca de que no hay otro lugar en
el que quiera estar, y que supongo que de eso va la felicidad, aunque sea en el
corto plazo de lo que dura un café.
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| Chop Suey (Edward Hopper) |

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