lunes, 2 de mayo de 2016

Algo parecido a una despedida

Se le clavan los alfileres en los ojos si intenta mantenerlos abiertos. 

Le sangra el lagrimal con dolorosa lentitud y cree que las diminutas gotas terminan por atascarse en su garganta. No sabe cómo, ni porqué, solo conoce el no poder respirar, la vida bailando a su alrededor como millones de fotogramas en blanco y negro, una película muda sobre muerte y caos, cementerios de hojas en blanco y arcoíris en escalas de grises. 

La abraza un abrigo de colores fríos, 
el crepúsculo rosáceo ha emigrado a algún lugar mejor, 
la noche se ha fijado como un filtro en sus gafas para ver de viva. 

Un puñado de rosas descansa sobre su escritorio, con la sonrisa sarcástica un poco apagada, 
y la pureza y la delicadeza de las sábanas azules casi transparentes tiemblan a ratos, cuando el viento del norte despereza las malas vibraciones y las capas rojas se pasean por el bosque. 

No ha tocado los sellos de las cartas;
cuatro se encuentran sobre la mesita de noche, 
dos todavía están en el buzón, 
y miles de ellas nunca van a ser respondidas. 

Las estrellas no volverán a brillar,
no por ella,
no para ella.  






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