domingo, 1 de mayo de 2016

Optimismo es pensar que la poesía nos salvará

Hoy no ha sido un gran día. Al menos no uno notable. Me he levantado más tarde de lo previsto, como siempre que no debo cumplir ningún horario; he escuchado música, como siempre; ha habido momentos que he dedicado exclusivamente a mirarme el ombligo, como siempre; he comido cuando toca, por inercia más que por necesidad, casi como siempre; me he sentido un poco mal por cualquier banalidad y he odiado un poco el mundo, como siempre y como todos alguna vez. A las siete he ido a lo único que me requería puntualidad -aunque tampoco la he tenido- y he tenido que deshacerme de mi helado antes de terminármelo. Ahora estoy sentada en la plaza de mi pueblo. Hay ambiente; hay turistas cuya única preocupación es la buena elección del menú; hay un señor que parece el hermano fracasado de Papá Noel sentado en un banco; hay un cartel de Supersubmarina a cincuenta metros contemplándome desde una pared desconchada; hay una mujer en la mesa de al lado, rubia, de apariencia agradable. Ese tipo de persona que parece buena. Lee un libro que se llama "The path" mientras toma una copa de vino y come queso. Ya la vi una vez, también sola y también leyendo "The path" en una pequeña cafetería, no muy lejos de aquí. Aquella vez comía tarta y se tomaba un café, y aquella vez yo también comía tarta y tomaba té y también estaba sola. Hoy solo me tomo una cerveza. De verdad creo que merece la pena conocer a alguien que come queso y toma vino, mucho más que a alguien que pide una cerveza. O quizá no. Yo solo sé que me gustaría conocerla, como al camarero que me ha servido y me ha preguntado como estoy. Todo bien, por supuesto, a no ser que quieras sentarte aquí a escuchar. Se aleja con la típica sonrisa que tienen todos los camareros del mundo y yo lo observo un poco hasta que me aburre. La rubia de al lado se mueve despacio, coge la copa con parsimonia, gira las páginas sin prisa. La mesa en la que está sentada es un pequeño cosmos aislado del bullicio exterior. Es calma, mientras todo lo demás se mueve con rapidez a su alrededor; el camarero de la sonrisa de camarero, un niño en monopatín, un niño corriendo tras una pelota, una madre corriendo detrás de un niño, una mujer rebuscando en su cartera, dos extranjeras cruzando la plaza como si regalaran más días de vacaciones al otro lado. Entonces alguien me habla mientras se sienta justo en frente de mi, hablamos de cosas intrascendentes y cuando quiero darme cuenta la rubia ya se ha ido y sigue sin ser un gran día. 



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