yo noto mis raíces descender y retorcerse,
las hojas caídas, arrugadas, recogidas sobre sí mismas,
rendidas bajo un cielo encapotado que no concede treguas.
Sería muy fácil cargar responsabilidades sobre los hombros
de un sol esquivo, una lluvia invisible, un cuerpo inmóvil que depende
-ahí está la palabra-
de todo lo que le rodea
incluso de lo que ni siquiera puede ver.
Es mucho más simple reconocer la muerte
a manos de cualquiera que lo arranque para formar parte
de un ramo de flores efímero
que admitirse incompetente incluso para la propia supervivencia.
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| El Estanque de Ninfeas (Monet) |

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