El calor se estaba colando incluso en el pensamiento
mientras cruzaba una plaza de adoquines,
una paloma recogía con su diminuto pico
el agua que entre las juntas se había acumulado
como si de un ciervo a orillas de un arroyo se tratara.
Deseé que se saciara del todo,
que no la importunaran piernas gigantes,
sillas de bares, pelotas de goma, bicicletas.
La rodeé para seguir mi camino
mientras miles
de kilómetros más al norte
un cazador furtivo se llevaba unas astas como trofeo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario